miércoles, 28 de noviembre de 2012

vivir a base del alma

Hace tiempo empece a descubrir un proceso en mí en el que comenzaron a despertarse muchísimas incertidumbres acerca de la vida. Pero, principalmente, sobre mi vida, sobre lo que esto de vivir implica. Vivir, no es cumplir con esta misma rutina toda la vida. Me refiero a todas las mañanas por muchos años levantarme, ir a la escuela, cumplir con mis actividades extra escolares posterior al colegio, luego estudiar o cumplir con la tarea para el próximo día, si queda tiempo juntarse con amigos un rato, y recibir la noche agotadísima esperando dormir y arrancar el siguiente día de la misma manera. Creía que vivir de eso se trataba, pero que equivocada estaba. Está bien, era más chica, quizá no consideraba tanto los valores, disfrutar cada momento de otra manera, o tal vez, claro, era lo que hacían todos. Que feo eso de hacer lo mismo que hacen todos, de homogeneizarnos cada vez más, y más de una vez, por hacer lo mismo, en vez de compartirlo, fomentamos competencia entre nosotros, a ver quien lo hace de la mejor manera o bien, quien lo hace en menor tiempo. En todos los aspectos.
Cuando me empezaron a despertar muchas de estas inquietudes, cuando empece a tener otra visión sobre la vida, más allá de que recién ahora estoy empezando a vivir, me angustié al ver que todo seguía igual, de la misma manera, que la misma rutina nos absorbe a todos y que da impotencia querer cambiar algo todos los días y no poder. A ver, no estoy diciendo que cada uno debe abandonar sus responsabilidades porque sino esto sería un caos, además en esa rutina, muchos van descubriendo sus pasiones, disfrutar de lo que les gusta hacer. Simplemente, que por vivir cada vez más acelerados, tratando de cumplir en todo momento con nuestras responsabilidades, dejamos de lado lo más valioso que tenemos, lo que realmente nos ayuda a sobrevivir, lo que nos da la fuerza para seguir todos los días, lo que nos ayuda a encontrarle el sentido a vivir, y no es nada más y nada menos que los SENTIMIENTOS. Y mi proceso de encuentro conmigo misma empezó cuando muchísimos sentimientos me empezaron a golpear las puertitas de mi alma para despertarlo, para mostrarle que vivir es a base del alma, de lo que él siente. Que si vivimos con el alma, con el corazón, vamos a descubrir el verdadero sentido de vivir. A veces se hace difícil dejarnos llevar todo el tiempo por lo que sentimos, por una cuestión obvia, de que el tiempo es ocupado con nuestras responsabilidades también, pero si le encontramos la vuelta para hacerlo con el alma, como disfrutarlo con buena gente, abriendo un poquito nuestro corazón a los demás, ayudando, riendo, abrazando a quienes amamos, expresando lo que sentimos, esta rutina va a ser menos densa y vamos a empezar a vivir un poco más. 

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