Acuérdate de vivir pretende mirar al futuro, un futuro que no es mera conjetura, que no se lee en la borra del café, que no es el destino trágico e inalterable que escribieron dioses caprichosos. Es un futuro donde se rompen los espejismos, en el que estallan los oxímoron, en el que el desempleado encuentra trabajo y redención, un futuro que se cuela por la ventana en forma de susurro, o que encontramos en un papel escrito en la cocina, en el que los ángeles vuelven a ver arder las calles, en el que en la pared de enfrente alguien escribe un saludo de paz, un buenos días.
Y para ver el futuro hacemos repaso de las cicatrices, de todo lo que fuimos, empleamos la memoria como herramienta cargada de poesía, como el último patrimonio inviolable que nos ayuda a ser más libres. Y, aunque la desatendamos de cuando en cuando, recordamos la obligación de ser felices, de trazar nuestro propio camino.
Aunque la ciudad a veces parezca Fort Apache a punto de claudicar, aunque a veces tu pena exhale un perfume muy dulce y se apaguen los cuerpos, acuérdate de vivir. En este mundo de emergencias rutinarias es indispensable recordarlo. A pesar de que el reloj consuma nuestras horas y el tedio congele nuestros sueños. O por eso. Memento vivere.
Y para ver el futuro hacemos repaso de las cicatrices, de todo lo que fuimos, empleamos la memoria como herramienta cargada de poesía, como el último patrimonio inviolable que nos ayuda a ser más libres. Y, aunque la desatendamos de cuando en cuando, recordamos la obligación de ser felices, de trazar nuestro propio camino.
Aunque la ciudad a veces parezca Fort Apache a punto de claudicar, aunque a veces tu pena exhale un perfume muy dulce y se apaguen los cuerpos, acuérdate de vivir. En este mundo de emergencias rutinarias es indispensable recordarlo. A pesar de que el reloj consuma nuestras horas y el tedio congele nuestros sueños. O por eso. Memento vivere.
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